martes, 30 de septiembre de 2008

Los genios de la pintura - Gran biblioteca Sarpe II



Página aparte merece un tomo en particular de los libros antes mencionados. En el post anterior nombré a Murillo, pero no hay foto alguna de su cubierta ni la habrá, porque no existe, o mejor dicho, existe pero pertenece al de otro artista, Carpaccio. Un error de imprenta, y no el único que ostenta este libraco. El segundo fallo me llevó a fundar mi propio movimiento artístico, “El Espejismo”. No, no me volví (más) loca... paso a explicar. Sin que lo supiera, tuve siempre una extraña conexión con ese artista. Una especie de “todos los caminos conducen a…”. Durante mi infancia, viajábamos cada fin de semana a casa de mis abuelos maternos. Siempre me había llamado la atención un pequeño cuadro que colgaba en una pared del pasillo, donde dos niños de la calle compartían fruta. La imagen de aquel cuadro reapareció de inmediato en mi mente cuando vi en el libro de Murillo una obra muy similar, “Niños comiendo pastel”. El parecido no era casual, el cuadro ahora tenia titulo y dueño, “Niños comiendo fruta”, de Esteban Murillo. Casi al mismo tiempo me propuse rellenar un espacio vacío en la pared de mi habitación con un mural. Como yo simplemente me limito a copiar, que mejor que los libros de mi abuelo para buscar inspiración. Nuevamente Murillo salio al rescate, y escogí sin ningún motivo en particular “las gallegas a la ventana”. Siempre me gusto dibujar, pero nunca antes había intentado hacerlo con otra cosa que no fuera lápiz y papel, así que incursioné en la pintura con este mural, sin mucho convencimiento a cerca del resultado, y poca fe por parte de la familia. Ya había empezado a pintar cuando se me ocurrió buscar la pintura en Internet, para ver mas detalles que en la lámina no se observaban tan claramente. Tamaña fue mi sorpresa cuando descubrí que la pintura original era una “imagen especular” de mi copia, y que la lamina del libro era la culpable de esta impensada metida de pata. Mi mural ya estaba bastante avanzado y no pensaba comenzar de nuevo, así que decidí continuar y terminarlo. Mi firma puede leerse en el margen izquierdo y de derecha a izquierda, como se leería de ser el reflejo del cuadro original en un espejo, dando origen a lo que yo llamo “El Espejismo”. =P
Más coincidencias me llevaron luego al mismo artista sevillano, y hasta escribí un cuento incluyendo su pintura y mi mural… de ahora en más, quien sabe.

Los genios de la pintura - Gran biblioteca Sarpe I


Degas, Picasso, Pollock, Mengs, Miguel Angel, El Greco, Murillo…artistas de diferentes estilos y épocas, que se unen en una pasión común, la expresión a través del al arte. Gracias a mi abuelo, pude conocer sus obras sin necesidad de visitar ni un solo museo. Ya se que no es lo mismo, pero desde pequeña los libros de arte que mi abuelo obsequió a mi madre en su juventud, me sirvieron para descubrir artistas, admirar sus obras e imaginar su vida, época y entorno. La colección…imposible de completar, al menos para mí. Y no es de extrañarse si hasta lo fue para mi abuelo.
Redescubrí los libros de mas grande después de que, unos cuantos años atrás, mi abuelo dejase el mundo terrenal. Le pedí a mi abuela que me trajera unos cuantos tomos que quedaron en su custodia. Algunos no habían sido abiertos siquiera, y permanecían recubiertos en un film. Sin pensarlo, empecé a desenvolverlos, y al hacerlo, sentía que abría una cápsula del tiempo. Necesitaba ver las láminas con las obras de esos “nuevos” artistas, y hacer que aquellas hojas vieran por fin la luz. Cuando solo quedaba un libro que desenvolver, recordé algo que intuitivamente se del coleccionismo, “si está cerrado, dejarlo así”…pero ya era tarde, la curiosidad mato al gato, y en mi caso al coleccionista. Bueno, lo hecho hecho estaba, y la verdad es que preferí que los pobres libros no sean condenados a pasar sus “vidas” encerrados y sin poder cumplir con la misión que les fue encomendada desde el momento de su impresión, el ser leído, visto, absorbido y disfrutado por alguien. En este caso, ese alguien era yo.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Joel and Eve Aron on Antiques Roadshow 1997

Otro video de Feria de Antigüedades. Esta vez el protagonista es Kewpie, un muñeco muy famoso en Europa y Estados Unidos, basado en una ilustración de Rose O’Neill que apareció por primera vez en la revista Ladies' Home Journal en 1909. Fueron producidos primero en Ohrdruf, un pequeño pueblo de Alemania. Eran hechos de bizcocho y celulosa. En 1949 se crearon las primeras versiones en plástico. Su nombre deriva de Cupid (Cupido), el dios romano de la belleza y el amor. Una curiosidad: El muñeco Kewpie fue mencionado en El Diario de Anne Frank. Ella recibió uno de Miep y Bep en su primera Navidad en el anexo.
En el video, el hombre cuenta que el hermano de su madre, fundador de “Cameos doll”, conoció cuando era joven a Rose O’Neill y decidió crear esa compañía para producir el muñeco Kewpie. Dos de ellos son presentados, y uno incluso permanece en su caja…disfrutenlos!

Para más informacion (en inglés): http://en.wikipedia.org/wiki/Kewpie

viernes, 12 de septiembre de 2008

Antiques Roadshow

Una nueva pausa mientras me desocupo de ciertas tareas. Este es un video de uno de mis programas favoritos, que solía ver en people and art, Feria de Antigüedades, Antiques Roadshow en inglés. La versión original inglesa que es la que conocía no la encontré en youtube, solo algunos videos del programa en USA y sin traducir, así que para quien no entiende nada del idioma, les cuento a grandes rasgos que este en particular gira en torno a una escritora para niños estadounidense llamada Tasha Tudor. Esta mujer posee una de las ilustraciones originales, que compró a 1200 dólares, y que la escritora dibujó para su sobrina atándola a los demás con un cordón. Este, Pumpkin Moonshine (1938) fue su primer libro y allí se ve también el librito completo en muy buen estado. Observen la sonrisa de la señora cuando le dicen que pagó 1200 por algo que ahora costaría entre 8000 y 10000 dólares!!!

domingo, 17 de agosto de 2008

Filatelia





Otra de mis “historias coleccionables” me lleva a la vez que intente ser filatelista. En realidad la filatelia cayó sobre mí cuando cumplí 15 años. Ya que nunca fui una chica muy normal que digamos, para mis quince no hice fiesta, tampoco un viaje, solo una reunión familiar como la de cualquier otro cumpleaños, junto a mi amiga de siempre. Algo triste, puede decirse, mas triste aún si a eso se le agrega un detalle: quiso el destino que festejase mi día en la cama y con 38….Hey!, que mal pensados…con 38º de fiebre, producto del sarampión…a la torta la vi de lejos, y mi hermana (quien me había contagiado la enfermedad) se encargó de soplar las velitas. Ya se, ¿Que tiene que ver mi “mala suerte” con la filatelia? Pues resulta que uno de los regalos, el de mi tío Jorge, hermano de mi madre, fue un viejo cuaderno en el que él mismo había volcado en su niñez el deseo de ser filatelista. Desconozco si el pegar las estampillas a las hojas haya sido o no un acierto. Quizás un verdadero filatelista quede calvo arrancándose los pelos al ver lo que, primero tío y luego sobrina hicieron con aquellas estampillas. Tampoco se si tendrán algún valor además del sentimental (cosa que dudo), y es hasta ahora que me pregunto porque no me encargue de averiguarlo antes. Es verdad, no le he puesto mucho empeño al asunto, pero considerando que en ese tiempo no tenía Internet….en fin, me ocupé por un breve tiempo (el que me duro el entusiasmo) en buscar nuevas fuentes de estampillas, siempre que, condición de mis padres, fueran gratis, y logré juntar varias, siempre comunes y argentinas.
Valiosas o no, bien conservadas o ultrajadas, las guardo y atesoro como recuerdo de la época en la que las palabras se guardaban en papel…

domingo, 10 de agosto de 2008

Cartitas del Recuerdo



La primera colección conciente que emprendí, creo fue la de las hojitas perfumadas. Coleccionar hojas de carta con perfume se puso de moda allá por el 94’ o 95’, cuando yo contaba con apenas 11 o12 años. Admito que nunca fui una niña muy sociable, sino más bien solitaria y retraída. En la primaria solo tuve una amiga, que dejo de ser mi compañera en tercer grado, y a partir de entonces, convivir con mis demás congéneres se me hacia cada vez mas difícil. La aparición de las hojitas perfumadas me daba la oportunidad de crear un nexo con ellas, ya que todas hacíamos intercambios, comparábamos colecciones y por un largo tiempo fue prácticamente de lo único que nos ocupábamos en los recreos. Recuerdo claramente que Laura era por lejos la que mas hojitas había logrado juntar, las cuales guardaba celosamente en una carpeta negra de tapa dura, cada una protegida por un folio. Un día, la carpeta desapareció misteriosamente del curso, y por suerte reapareció poco tiempo después, tras mares de llanto, reclamos y una histeria que llegó a hacerse colectiva.
Personalmente, mi colección llego a la cifra tope de 34, mas 4 hojitas mas pequeñas que las “oficiales”, y comenzó con un bloc de hojas que trajo mi padre de sorpresa, ante mi insistencia de varios días. Pobre mi padre, nunca supo ni sabrá que mi alegría al recibirla no era verdadera sino a medias. Aquellas hojitas no se parecían a las que mis compañeras ostentaban, sino que eran mas pequeñas…distintas. Solo el tiempo me ayudó a valorarlas, aun más que a las demás que yo misma elegiría luego, sobre todo por ser las primeras y fundamentalmente porque nacieron desde las mejores intenciones de un padre. Actualmente de ellas solo conservo la carátula, que hoy da titulo a mi blog “Aquellas cosas Nuestras”, las físicas y las del alma, las tangibles y las del recuerdo. Porque son las almas de sus dueños las que dormirán en ellas por la eternidad.

sábado, 9 de agosto de 2008

Desde la Infancia....

Por lo anterior resulta evidente que, vaya uno a saber por que designio del destino, cada vez que trato de coleccionar algo, fracaso rotundamente. Mi último intento de juntar la mayor cantidad posible de aquellos libritos que mencioné (sobre todo los que más me interesaban, que obviamente brillaban por su ausencia) se vio interrumpido por el sorpresivo cierre de la librería, que estuvo allí, por lo menos desde que se creó la imprenta…pero claaaro, aparecí yo y los astros se conjugaron de manera que mi añosa carrera de “coleccionista de fracasos” (nótese que usé de nombre la palabra ilusiones en lugar de fracasos para no sonar pesimista desde el inicio =P) no finalizase tan pronto. Este, mi ultimo éxito fracasando, sumado a la posibilidad de descargar mi frustración en un blog, me retrotrajo a aquellos fracasos pasados, algunos de los cuales incluso había olvidado, quizás en un mecanismo inconciente de autoayuda.
¿Quien no ha tenido en algún momento de la infancia un álbum de figuritas? Creo que quien diga YO seguramente no habla castellano o no entendió la pregunta….la cosa es que también yo los he tenido y jamás, sin excepción, logré completar alguno. De la mayoría no quedo ni vestigios, salvo alguna que otra figurita perdida en el fondo de algún cajón, como las de Frutillita, que mi mamá separaba y usaba para copiar en un afiche y decorar las paredes de mis fiestas de cumpleaños, o pintar sobre almohadones. Lo mismo sucedió con las de Hello Kitty o los naipes de Mi Pequeño Pony (My Little Pony). Buscando imágenes en Internet, recordé más detalles olvidados, me sumergí en la nostalgia, y después…me sentí vieja. Si, es una forma de decir, pero si algo con lo que jugaste aparece en venta como una antigüedad, es señal de que vas camino a serlo vos mismo. Encuentro consuelo en el hecho de que amo las antigüedades, por lo mismo que respeto y admiro a la gente mayor. El tiempo te otorga (casi siempre) sabiduría, y a los objetos, según mi parecer, los impregna de cierta mística.
También por esa época, juntaba, sin saber que la palabra colección existía, los muñequitos Pinypon, que venían con ciudades, campamentos, animales, autos etc. etc.…de aquello tampoco quedo siquiera una peluca. Ni que decir de los Ponys y las muñecas Barbies. Admito que he llegado a tener varias, pero fue entonces que llego a casa una muñeca viviente, mi hermana, que se encargo de “decorar”, amputar y descabezar a mis pobres muñecas, cuya población se fue diezmando hasta casi desaparecer.
Mas adelante descubrimos la existencia de un huevo de pascua que en su interior albergaba una sorpresa….si, esos son famosos aun hoy en día, y en aquel momento eran más accesibles, así que llenamos cuatro repisas con los juguetitos para armar. Muchos se perdieron o rompieron, pero la mayoría aun permanece firme en su lugar.